Un Rubo en París [9.1.10]

 


 

Sábado. Eiffel desde Trocadero. Día de paseos y visitas. Museo de Louvre.

 

 

La mañana se presenta con copos de nieve que descienden de lado, unos 6 grados bajo cero y muchas ganas de patear calles y paseos parisinos.

 

El día anterior me reprimí por no haber sacado los guantes. Hoy tocaba hacer bolas, firmar en coches,...

 

Bola va!!!

 

Procedamos a ver los transbordos pues.

 

Desde Trocadero se percibe una espectacular vista a modo de mirador turístico, de la Eiffel y sus cercanías. Es el lugar recomendado para quienes no hayan estado nunca y quieran ver la Torre de golpe, causando más impacto que yendo poco a poco como hicimos ayer.

 

Estaba todo congelado, desde fuentes hasta suelos verdes.

 

Vaya, no sabía que hubiera una Avenida NY al lado de la Torre.

 

La vimos el día anterior, sí, pero poco después de llegar a ella empezó a anochecer y queríamos sacarnos más fotos con ella antes de proseguir con el resto de París.

 

Volvimos a la crepería de la otra vez, en esta ocasión fueron unas calentitas y riquísimas porciones de pizza.

 

Desde la parte opuesta a Trocadero. Es el típico lado desde el cual se la fotografía en las imágenes comerciales.

 

La mansión del chocolate? Deberían de llamarlo Paraíso.

 

Curiosa escena en la fachada de la Facultad de Medicina "René Descartes". Parece tratarse de un contexto zoofílico, a pesar de suponer que no lo es.

 

Momento friki en el que me acordé del conjunto RuSa tras ver el nombre de esa calle.

 

Llegamos a Louvre. Enfrente tiene un Arco de Triunfo (no es el famoso de París).

 

Vista del museo desde el Arco. Ocupa una gran parte de extensión.

 

Ésta es la entrada, la famosa pirámide transparente.

 

Bajo ella y tras pasar un absurdo control de seguridad, accedemos a una zona similar a un centro comercial, con roperos, baños, tiendas, cafeterías,... y 3 entradas distinguidas, cada una llevando a uno de los 3 pabellones que lo forman, a pesar de estar comunicados entre sí.

 

El Museo tiene forma de "C", y aunque es grande y con multitud de salas y pasillos, es menos de lo que por fuera parece y esperas.

 

Tu osadía con tridente? La mía con dientes.

 

Comedor de la casa de Napoleón III.

 

Las hay quienes se creen que la N es de Naiara. Jajajaja...

 

De lo que más se ve son esculturas y restos antiguos de Francia, Roma, Grecia, Irán, medievales y Egipto. La anécdota de nuestro viaje en lo que a Louvre se refiere, es que no pensamos que fuesen a cerrar tan pronto el museo (a las 17:45 ya te iban indicando la salida), por lo que apenas vimos nada en las galerías de pintura, y de hecho nos dieron en las narices con la puerta que daba a la Gioconda, quedándonos con las ganas de visitar la joya de la corona del Louvre.

 

Volvemos al metro, miramos las paradas en el panel de leds para dirigirnos a...

 

... Moulin Rouge. Poco vimos, dado que es poca cosa lo que hay en el exterior. El molino famoso, el rótulo y la entrada. El resto de la zona es como otra cualquiera. La gracia está en entrar a sus funciones y sus cenas, pero el pase más básico cuesta 150€, y en esta ocasión no estábamos por la labor. Lo dejamos como pendiente para la próxima.

 

120 años de cancan´s, champán, bailes, animales y espectáculos.

 

Máquinas de tickets de metro con rodillos de selección para el scroll.

 

Y de ahí para casa, que menudo día más agotador, y aun quedaba fin de semana por delante.

 

El Louvre resultó ser menos de lo esperado. Mucho bombo y platillo, y mucho nombre pero luego a la hora de la verdad los que realmente lo aprovechan y disfrutan son los apasionados a sus exposiciones y arte, o a estudiantes de carreras vinculadas.

 

Un caos de pasillos y galerías que te hacen seguir los mapas cada poco tiempo.

 

El "MulanRus" pues eso, un nombre sonado y conocido, nada más, salvo que te pegues el capricho de coger entradas y es entonces cuando realmente disfrutas de lo que tiene que ofrecerte y es entonces también cuando comprendes su fama y prestigio.

 

Mucho frío a pesar de la cantidad de ropa que llevábamos. Una temperatura que nunca antes experimentamos. Piernas cansadas por el trote, rodillas cargadas.

 

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