Un Rubo en París [8.1.10]

 


 

Viernes de IDA. Hotel. Torre Eiffel.

 

 

Partimos de Basauri a las 4 y pico de la madrugada del Jueves al Viernes, sin un alma por la calle, con la mañana por delante y la carretera para nosotros solos.

 

A pesar del clima nevado y problemático, llegamos al aeropuerto de Biarritz antes de lo esperado, con tiempo de sobra hasta el embarque.

 

Llega el momento de embarcar, despegar y disfrutar. Comienza la aventura.

 

En la parte Sur de Francia gozaban de un frío sin nieve.

 

Pero acercándonos a París las llanuras no tenían tanta suerte y estaban cubiertas.

 

Del aeropuerto Charles de Gaulle, cogimos el RER para comunicarnos con el metro y el centro de la ciudad. La temperatura local es de -8ºC.

 

Uno de los primeros edificios que vimos al ya salir del hotel después de haber dejado el equipaje y habernos cambiado. La Academia Nacional de la Música.

 

El Parque de las Baldosas apenas tenía verde a la vista.

 

Con la noria de fondo.

 

No sé ni como sobreviven los patos. Las fuentes estaban congeladas.

 

Río Sena, con algunos de sus múltiples puentes bajos.

 

Con la Asamblea Nacional. El frío era increíble.

 

Y por fin llegamos a los pies de la joya de la corona.

 

Por el clima, sólo dejaban subir hasta la parte media, a unos 115m de altura, donde las vistas eran tan increíbles como el viento y frío que azotaba a cualquiera que se asomara al mirador.

 

Por la noche la iluminan. Y además, los 5 primeros minutos de cada hora desde que anochece hasta la 1:00am activan un sistema de luces blancas intermitentes que emulan destellos.

 

Antes de volver para el hotel, gozamos de unos crepes con nutella bien calentitos.

 

Buenas noches, reina de hierro. Por fin nos conocimos.

 

Hay que tener en cuenta que llevábamos desde bien temprano del Jueves levantados, que nos pasamos el día andando y de tienda en tienda en las rebajas, que a la noche tras cenar y terminar de preparar la maleta nos mantuvimos despiertos porque salía mejor ir de empalmada, que nos pegamos el trajín de viajar, transbordos, y demás, un clima nada favorable aunque con su toque especial por el hecho de estar nevado,... lo que suponía que para antes de la hora de cenar ya estábamos en el hotel descansando, que aun quedaba un largo fin de semana por delante.

 

Toda una experiencia. Destino a tachar de la lista de ciudad y/o países a visitar antes de morir. Una capital muy muy europea que nos brindaba un ambiente semi-navideño combinado con su encanto de todo el año.

 

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